Quién soy yo frente al Señor? ¿Qué puedo pretender, exigir o esperar?
Deseo hacerle ver, estimado lector, las muchas diferencias que hay entre mí y mi Salvador:
1. Él es mi Creador, yo soy Su creación.
2. Él es mi Salvador, yo soy quien fue salvo por Él.
3. Él es sin pecado, jamás pecó, pero yo soy pecador.
4. Él me perdonó todos mis pecados, yo no merezco su perdon y me humillo ante EL.
5. Él es totalmente santo, yo, únicamente en la medida que Él me santificó.
6. Él está en el cielo, yo en el suelo.
7. Él murió por mí clavado de una cruz, yo no morí por nadie.
8. Él, después de muerto, fue sepultado y resucitó. Yo ni morí ni resucité por nadie.
9. Él volverá para recibir a su iglesia en el aire, yo seré uno de los miles de millones de recibidos en las alturas.
10. Él es la cabeza de la iglesia, yo soy apenas una pequeña pieza de Su iglesia.
11. Él convocará a todos los suyos para entregarles, estando en su tribunal, lo que corresponda por nuestro servicio como sus hijos. Yo seré uno de los que comparecerá ante ese tribunal.
12. Él vendrá para reinar por mil años, yo seré uno de sus súbditos.
13. Él es el verdadero Pastor, yo soy apenas una de sus ovejas.
14. Él fue obediente hasta la muerte, y muerte por crucifixión. Yo nunca fui amenazado de muerte y menos crucificado.
15. Él me ofreció la salvación sin obras, yo solamente la recibí por la fe.
16. Él no tuvo padre humano, porque fue engendrado por el Espíritu Santo. Yo en cambio, sé muy bien quiénes son mis padres.
17. Él lo sabe todo, yo soy un ignorante.
18. Él es el Maestro, yo soy un alumno.
19. Él me buscó y me encontró, porque yo nunca lo habría hallado.
20. Él vino del cielo, para buscarme en la tierra.
21. Él no necesita creer ni confiar en mí, porque lo sabe todo, pero yo lo tengo todo confiando y creyendo en él.
22. Él promete y lo cumple todo, yo, si comienzo a prometer, lo más seguro es que nada cumpliré.
23. Él se encargó de mi salvación desde el principio hasta el fin, nada dejó para mí.
24. Él me compró la salvación, el perdón de mis pecados, el cielo, la vida eterna, pagando nada menos que con su vida pura y santa al morir por mí clavado de una cruz.
25. Él inspiró la Biblia, con sus 66 libros, y me prohibió agregar ni quitar nada.
26. Él no tiene preguntas difíciles de contestar, pero responde a cada una de las mías, ¡y por escrito!
27. Él nunca me consulta, pero yo lo hago cada día, y de rodillas le agradezco y le pido, presentándole cuantas cosas recuerdo o creo que debo pedir y agradecer.
28. Él me llama «hijo», yo lo llamo «Padre mío que estás en los cielos».
29. Él me salvó, me mantiene salvo y finalmente, me llevará a su presencia, porque yo no me salvo, jamás podría permanecer salvo, ¡y menos ascender al cielo! ¡Bendito sea mi Creador, mi Redentor y mi único Señor!
30. Él es el Padre amoroso, yo el hijo pródigo.
31. Él me ama siempre, yo a veces lo olvido o lo ignoro. Pero su amor es eterno.
Tal vez me diga usted: «¿Y qué hizo para lograr tanto del Señor?» Le agradezco la pregunta, porque me resulta muy fácil contestársela. Lo único que yo hice, fue depositar totalmente mi fe en Él. Pronto entendí la historia de la sangre del cordero que las familias (cada una) de los hebreos allá en Egipto debían sacrificar y con su sangre pintar “…los dos postes y en el dintel de las casas en que lo (habían) de comer” (Ex. 12:7b). Porque dijo Dios: “Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto” (Ex. 12:12, 13).
¡Y funcionó la sangre que dejaron los hebreos a la entrada de sus casas! Yo entendí entonces que el Señor me salvó mediante su propio sacrificio. Él, a semejanza de ese cordero inocente, derramó su propia sangre en mi lugar y ahora desea que yo confíe que por depositar mi fe en Él, en ese mismo momento obtengo la vida eterna. ¡Él es ese… “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” ¿Confiará usted en Él para ser perdonado y salvo por la eternidad?
Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo únigenito para que todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna.
San Juan 3:16
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